lunes, 13 de abril de 2009

Yo también elijo ser un monstruo


*Alerta de spoilers: si les choca saber en qué acaban las películas y esta no la han visto, regresen después.*

Una de las quejas que he leído acerca de las películas de animación es la falta de protagonistas femeninas. En particular, de modelos de mujeres fuertes e independientes. Las historias y las búsquedas suelen pertenecerle a la masculinidad: Rémy, Mike y Sully, Shrek, Lightnin' McQueen, Buzz y Woody... Las mujeres son acompañantes, voces de razón, quizá catalizadores, pero rara vez son quienes se encuentran en el centro de la acción. En ese paisaje de tan pocos habitantes, Monstruos vs. Aliens cae como bálsamo feminista para las argüenderas como una servidora.

Además quiso la suerte, el destino o La Loba, que el mismo día que fui a ver esta película al cine empezara a leer Mujeres que corren con los lobos, así que todo lo que veía en animación 3d ante mis ojos se iba relacionando con las palabras acerca de la Mujer Salvaje.

La historia de los monstruos y los aliens empieza con el día de la boda de Susan, a la que parece que lo que más le entusiasma es la luna de miel en París. Después de que el novio le sale con que mejor se van a Fresno, CA., para que él pueda ir a una audición de trabajo, a ella le cae un meteorito. Literalmente. Y con todo y todo se quiere casar, pero lo impide alguna reacción extraterrestre que la transforma de una muchacha modosita y petite en una mujer de muchos metros de alto y un pelo blanco platino envidiable. Un mujerón de estas dimensiones no es otra cosa que un monstruo, así que, como tal, hay que encerrarla en el área confidencial del gobierno en la que se guardan estas criaturas salidas de la imaginación B peliculera: Missing Link, el eslabón perdido anfibio, B.O.B., una masa gelatinosa indestructible, el Doctor Cucaracha, que se auto-mutó como buen científico loco, e Insectosaurio, una larva con proporciones de Godzilla.

A los monstruos les toca encierro. Nadie debe saber que existen. Peeeero... como se acerca una amenaza mayor, los aliens, se decide ofrecer a los monstruos su libertad a cambio de defender San Francisco de un robot extraterrestre que va en busca del quantonium, la sustancia que transformó a Susan en Ginormica. Y, mientras los monstruos masculinos comienzan un fallido ataque contra la amenaza, Susan huye para refugiarse en la ciudad. El robot la persigue y ella trata de escapar de él, primero como una chica indefensa, y poco a poco, como la super-mujer que descubre que es. Éste es ese primer momento fascinante de la película: todos presenciamos cómo Susan descubre en el terror de la persecución todas sus nuevas capacidades de monstruo: no se cae de los edificios porque es de su tamaño, puede recorrer distancias enormes usando automóviles como patines, y su fuerza se ha incrementado a la par de su estatura. Al final, el robot es derrotado usando las capacidades de cada monstruo, pero la heroína del momento es Ginormica, la enorme y fuerte mujer que por primera vez se sabe capaz de actuar, en vez de ser sólo una acompañante.



Así las cosas, Susan quiere seguir siendo Susan y casarse con Derek. Confía en el amor de él para acompañarla en la búsqueda de un "remedio" contra su monstruosidad. Así que regresa a buscarlo para seguir con sus planes de una vida en pareja, en equipo. Pero ella, grande y destructora, no le conviene a él para su carrera de presentador de noticias, así que, a volar, chava. Ahi te ves con tu gigantismo. Yo me voy a Fresno.

Susan se siente sola, enormemente sola. Y en ese momento se da cuenta de que en realidad no lo está; se da cuenta de que forma parte de un grupo, del de los monstruos. Del de las criaturas que todos los demás no quieren ver, pero que son capaces de hacer lo que nadie más en el mundo.

En este momento de gran felicidad, Gallaxhar, el alien mayor, la secuestra para sacarle el quantonium que la hizo gigante y usarlo para acabar con la tierra. Pero Susan ya no es esa niña indefensa, ya ha vivido lo que es ser un monstruo, ya sabe lo que es tener el control y luchar contra fuerzas desconocidas. Y además, Susan ya no está sola. Su manada de monstruos se infiltra en la nave para rescatarla y acabar con la amenaza alienígena. De nuevo, entre todos, desencadenan la auto-destrucción de la nave y, a pesar de contar con una Susan de nuevo petite, consiguen salir. Todos, menos Susan. Que regresa para ayudar a que sus amigos salgan y terminar con Gallaxhar. Que regresa para, en vez de dejar que le pasen las cosas, tomar ella la decisión y elegir de una vez por todas el bando al que quiere pertenecer: Susan se reconoce como Ginormica, decide abrazar su naturaleza monstruosa y bañarse voluntariamente de quantonium. A Susan le sucede lo que a las mujeres salvajes: una vez que te das cuenta de lo que eres capaz, no puedes regresar a ser la mujercita sumisa de adorno en el matrimonio perfecto. Necesitas combatir marcianos y mutantes gigantes. Porque puedes. Porque eso es lo que realmente eres.

Final feliz de monstruos-héroes, familia cariñosa y revancha con el ex. Final feliz de comienzo de una vida como Ginormica. Final feliz de haber visto cómo se nos da la opción de ser mujeres fuertes fuera de una estructura social convencional. De haber presenciado cómo una mujer es capaz de vivir una vida de acción rodeada de personas que son como ella. De haber presenciado, en el cine y en caricaturas, el despertar de la mujer salvaje.

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